domingo, 2 de marzo de 2008

¿Que dónde estoy?

Volví a la Madera... no me pregunten por qué. Sólo lo hice.

Os espero.

L.

martes, 27 de noviembre de 2007

Continuum..

Bueno… pues aquí voy con una nueva sugerencia musical, esta vez mucho menos atrevida que la anterior, y mucho más moderna. Se trata del último disco de un joven americano que muchos conoceréis (porque es un auténtico superventas): John Mayer. El disco: Continuum.
Se trata de un trabajo absolutamente fantástico–en la cúspide de la popularidad del álbum están los temazos Waiting on the World to Change y Gravity que, a mí particularmente, me recuerda al mejor Marvin Gaye- lleno de un rock fresco –con alma de blues, en muchos casos- que, en contraste con el título que lleva, se diferencia bastante de sus anteriores trabajos.



En realidad, y para los más puristas, su último trabajo, que ya se puede escuchar –salió el pasado día 20 en EE.UU.-, es, en realidad, una canción sensacional llamada “Say” que irá incluida en la banda sonora de la película “The Bucket List”. En cualquier caso, lo último del John Mayer, en lo que a álbumes respecta, es este “Continuum” del que os quería hablar hoy [por cierto que acaba de salir una special edition de ésas que ponen los dientes largos]. John Mayer culmina, con este disco, el giro musical de acercamiento al blues y a una música “más sensible” y mucho más madura que comenzó en 2005, después de publicar “Heavier Things” y de comenzar a tocar con el John Mayer Trio. Se trata,como digo, de un disco de estudio realmente maduro y sólido, de un artista que ya,con varios Grammys a sus espaldas, está “en lo más alto de lo bueno”. Todo, pero todo, material de calidad.
A los que les guste, les recomiendo también el trabajo que hizo con el John Mayer Trio y que se llama “TRY!” –se trata de un concierto, y no de un disco de estudio- además del acústico “The Village Sessions” que también está muy bien [de hecho, es posterior a Continuum, pero no es material nuevo]. Sensacional la versión de Gravity incluida en el disco/concierto "Salvemos la Tierra" [amigos de Al Gore] Live Earth y, claro está, “Dreaming with a Broken Heart”: una canción de las que hacen época, para los que gusten de esas cosas.

Disfrutadlo. De verdad que merece la pena.


Por lo demás, cuidaos, ¡que sois el futuro!

martes, 20 de noviembre de 2007

Sigo vivo... ¡y coleando!

Mis más sinceras disculpas a todos por estos tres meses y dos días de silencio. He estado, como quien dice, liado como la pata de un romano, amén de ser víctima de un writer’s block del tamaño aproximado del Taj Mahal. El exceso de trabajo en el que me he visto imbuido, conjuntamente con mis clases de árabe, y algún otro objetivo ocupacional que me he fijado para estos meses, me han tenido bastante alejado de la pluma y, por supuesto, del teclado [con el consiguiente daño al Mecum Ipsum]) Espero que baste con mi propósito de enmienda…


Llevo un ratito escuchando un disco que, a pesar de no ser muy viejo, he tenido que rescatar de lo más profundo de mi fonoteca. Mi fonoteca es, para los que no lo sepan, un espectáculo en toda regla, paradigma del eclecticismo, pero siempre, y sólo, de lo exquisito, rozando la frontera de los dos mil discos [y, con ellos, los tres mil o tres mil quinientos títulos de música clásica]. Creo que soy objetivo en este análisis... de veras.


El disco del que os hablaba [que hacía mucho que no escuchaba, y que salió en 2006] es una ceremonia de sonoridad, algo freakie -hay que admitirlo- y constituye, al menos para mí, la prueba de que la música electrónica ha supuesto la pérdida, al menos para lo que al mundo sinfónico se refiere, de grandes músicos, que quizás, de haberse dedicado, habrían llegado a ser maestros del XX, y habrían devuelto a la tradición musical europea algo del brillo que tan lamentablemente perdió, irremediablemente, al parecer, tras la Guerra [y no miro a nadie, pero no por falta de candidatos a “chirriador del siglo”]. En concreto, lo que tengo enchufado a los oídos ahora mismo es la adaptación sinfónica de algunos de los mejores temas de Jean-Michel Jarre, interpretada por la City of Prague Philharmonic Orchestra en un doble CD [The Symphonic Jean-Michel Jarre] que recomiendo como un must-have absoluto [y no, no es freakoide: el disco es tan bueno que hasta lo raro se justifica, y no en vano llevó dos años de trabajo componerlo, y doscientos músicos grabarlo]




Por lo demás, estoy contento. Con multitud de proyectos en mente, dispuesto a no dejarme aburrir ni, por supuesto, apabullar, por esta vida tan triste que algunos nos intentan imponer y que yo, sinceramente, no les compro.


Igual de Ludwigiano que siempre, con ganas para el invierno, que promete ser crudo [he sacado la colección de bufandas del armario] ya he planificado dos viajes para el mes de diciembre: una vuelta por Bélgica a principio de mes, con un amigo; y la Pascua en Alemania, con mi familia y mis niños, que son lo más guapo del mundo.


Proyectos de fotografía que creo que pueden quedar bien, ¿quién sabe si también terminar esa página web que languidece en el espacio "internético", inconclusa, por un pequeño escollo de programación que no tuve la paciencia de estudiar? Además de eso, por supuesto mis clases de árabe, mi Moleskine, y todas las demás cosas de siempre, entre las cuales, la inmutable: la música (y, en concreto, Beethoven) Pero, mi raccomando , atención a la recomendación de hoy. El disco de Jarre es muy bueno. Un magnífico ejemplo de fusión entre lo clásico y lo electrónico, y un modelo de buen gusto [sensacionalismos musicales aparte, claro está, que esto es Jarre puro]


Que lo disfrutéis. Y, bueno, ya sabéis: que estoy aquí para lo que haga falta (y por mucho, mucho tiempo)


Cuidaos mucho, que sois el futuro.

sábado, 18 de agosto de 2007

Improductivo... ma godendo

Hola a todos.

Iba a deciros que llevo toda la mañana tocando la guitarra en plan vago, pero eso sería poco legítimo. Yo, en realidad, no toco la guitarra. La rasco y la pellizco como puedo, heterodoxamente, hasta que la hago sonar lo suficiente como para acompañar una voz que ya no es lo que fue –ni de lejos-

Toda la mañana tocando Why Worry bien se corresponde con este revival tremendo de los Dire Straits que estoy atravesando. Ya sabéis que lo mío es la coherencia. No me salen los punteos ni de lejos como a Knopfler, pero la verdad es que, para el que no me haya oído cantar antes –y pueda comparar con aquello- supongo que suena bien.

Más cosas. Debéis perdonar que haya venido poco por aquí en los últimos días, pero es que tengo mucho trabajo –si, hijos, si… incluso en agosto el pobre Ludwig tiene mucho trabajo; ¡y más que voy a tener!- y por la tarde, cuando llego a casa, me pongo a escribir en el Moleskino, a mano, de suerte que no me queda tiempo para mucho más.

Voy compaginando, además, el segundo volumen de Los Gozos y las Sombras con un extraordinario y picciolino libro de Rainer Maria Rilke que me está encantando: A lo largo de la vida; y es que, veréis: me he hecho una lista de los libros que hay en mi estantería y que están aún por leer. Y son, entre pitos y flautas, y sin contar un compendio de escritos inéditos de Calvino, cincuenta y cuatro libros [varios en dos y tres volúmenes, como Fortunata y Jacinta] Esto, queridos amigos, sumado a mi avidez relectora [ya sabéis que me encanta releer favoritos, y pronto tocan las Grandes Esperanzas –de nuevo- y Cien Años de Soledad] junto a cuatro libros que me han prestado [entre los cuales uno de Mariolina Venezia que, según referencias, es maravilloso, y que muero por leer] es, simple y llanamente, una barbaridad. Por favor: ¡que nadie me regale libros! Nunca conseguiré leerlos todos, si seguimos así.

Debo, a lo largo del día, reunir la suficiente fuerza como para levantar mi cuerpo de este sillón e ir a la compra. Luego tengo que hacer un tiramisú, para complacencia de algunos que insistentemente me persiguen, salivando como perros pavlovianos. En fin: todo sea por complacer paladares. En realidad, es puro afán de quejarme: me encanta pasarme una tarde entre pucheros, ya lo sabéis. Ya os contaré qué tal queda.

Es muy posible que quede con un buen amigo esta tarde, aunque como sale de viaje mañana, debo esperar su confirmación. Si al final nos vemos, lo pasaremos bien. Tengo muchas ganas de verlo y de que me cuente. Acaba de volver de la Gran Manzana y, la verdad, lo veo fascinado –no me extraña: ¡es una ciudad magnífica!-


Como veis, no tengo grandes cosas que contar, ni profundas reflexiones de las que haceros partícipes. Os haré, eso sí, antes de marcharme, una recomendación musical, para los que gusten de la buena música clásica, y del piano [Pé: créeme que este te va a gustar]: Zbignew Preisner [el de la foto: uno de mis músicos vivos favoritos] tiene en el mercado un disco que se llama 10 easy pieces for piano del que, además, es fácil encontrar partituras. Una extraña mezcla entre Satie, Bartòk y la propia música a la que Preisner nos tiene acostumbrados. Una auténtica maravilla, tipo Gymnopédies con momentos de Nyman… no sé: es algo especial. Mi raccomando.

Sin más, je vous salue.

Cuidaos mucho, que sois el futuro.

martes, 14 de agosto de 2007

On every street

Esta canción es demasiado buena como para que caiga en el olvido... esa voz Knopfler, "and it's your face I'm looking for on every street", con solo de guitarra incluido al final... ¡qué tiempos! Me rechifla esta canción. Bueno: me rechifla el disco entero, me rechiflan ellos. ¡Y me rechifla todo lo que hicieron!

"There's gotta be a record of you some place
You gotta be on somebody's books
The lowdown - a picture of your face
Your injured looks
The sacred and profane
The pleasure and the pain
Somewhere your fingerprints remain concrete
And its your face I'm looking for on every street

A ladykiller - regulation tattoo
Silver spurs on his heels
Says - what can I tell you as Im standing next to you
She threw herself under my wheels
Oh its a dangerous road
And a hazardous load
And the fireworks over liberty expode in the heat
And its your face I'm looking for on every street

A three-chord symphony crashes into space
The moon is hanging upside down
I don't know why it is I'm still on the case
Its a ravenous town
And you still refuse to be traced
Seems to me such a waste
And every victory has a taste that's bittersweet
And it's your face I'm looking for on every street
"

Hmmmm.....

Besos y cuidaos mucho, que sois el futuro.

sábado, 11 de agosto de 2007

Un amore

Hola a todos.

El otro día, un tanto veladamente, os hablaba de un libro espléndido: una de las joyas del XX italiano del que me quedé con ganas de haceros participar, reproduciendo uno de mis pasajes favoritos. No pegaba mucho en el contexto del otro día una interrupción semejante, por lo que opté por dejarlo como estaba. Pero ayer, sentado en mi sofá, me vino a la mente el libro y decidí buscar este trozo mío favorito y releerlo.

Os lo reproduzco aquí, por hermoso. De nuevo, original y traducción [mía –disculpad-] Es una de las grandes verdades de esta vida y, para mí, que paso por la vida de esta manera tan intensamente contemplativa, fue una auténtica revelación. Confío en que os guste.

“Eppure anche a cinquant’anni si può essere bambini, esattamente deboli smarriti e spaventati come il bambino che si è perso nel buio della selva. L’inquietudine, la sete, la paura, lo sbigottimento, la gelosia, l’impazienza, la disperazione. L’amore! [...]

Di colpo egli capì ciò che dicevano, capì il significato del mondo visibile allorché esso ci fa restare stupefatti e diciamo “che bello” e qualcosa di grande entra nell’animo nostro. Tutta la vita era vissuto senza sospettarne la causa. Tante volte era rimasto in ammirazione dinanzi a un paesaggio, a un monumento, a una piazza, a uno scorcio di strada, a un giardino, a un interno di una chiesa, a una rupe, a un viottolo, a un deserto. Solo adesso, finalmente, si rendeva conto del segreto.

Un segreto molto semplice: l’amore. Tutto ciò che ci affascina nel mondo inanimato, i boschi, le pianure, i fiumi, le montagne, i mari, le valli, le steppe, di più, di più, le citta, i palazzi, le pietre, di più, il cielo, i tramonti, le tempeste, di più, la neve, di più, la notte, le stelle, il vento, tutte queste cose, di per sé vuote e indifferenti, si caricano si significato umano perché, senza che noi lo sospettiamo, contengono un presentimento d’amore.

Quanto era stato stupido non essersene mai accorto finora. Che interesse avrebbe una scogliera, una foresta, un rudere se non vi fosse implicata una attesa? E attesa d che, se non di lei, della creatura che ci potrebbe fare felici? Che senso avrebbe la valle romantica tutta rupi e scorci misteriosi se il pensiero non potesse condurci lei in una passeggiata del tramonto tra flebili richiami di uccelli? Ch senso la muraglia degli antichi faraoni se nell’ombra dello speco non potessimo fantasticare di un incontro? E l’angolo del borgo fiammingo che ci potrebbe importare, o il caffè del boulevard o il suk di Damasco se non si potesse suporre che anche lei un giorno vi passerà, impigliandovi un lembo di vita? E l’erma cappelletta al bivio col suo lumino perchè avrebbe tanto patos se non vi fosse nascosta un’allusione? E a che cosa allusione se non a lei, alla creatura che ci potrebbe fare felici?

Pensò alla finestra solitaria illuminata nella sera d’inverno, alla spiaggia sotto le rocce bianche nella gloria del sole, al vicolo inquietante e sghembo nel cuore della vecchia città, alle terraze del grand hotel nella notte di gala, ai fienili, al lume della luna, pensò alle piste di neve nel mezzogiorno di aprile, alla scia del candido transatlantico illuminato a festa, ai cimiteri di montagna, alle biblioteche, ai caminetti accesi, ai palcoscenici dei teatri deserti, al Natale, al barlume dell’alba. Dovunque c’era nascosto il pensiero inconfessato di lei, anche se non sapevamo neppure chi fosse.

Quanto meschina sarebbe, di fronte a un grande spettacolo della natura, la nostra esaltazione spirituale se riguardasse soltanto noi e non potesse espandersi verso un altra creatura.

Perfino le motagne che egli aveva intensamente amato, le nude scabre inospitali rupi in apparenza così antitetiche alle cose d’amore adesso assumevano un senso diverso. La sfida alla natura selvaggia? Il superamento dell’io? La conquista dell’abisso? L’orgoglio della vetta? Che spaventosa cretineria sarebbe, se consistesse solo in questo. Difficoltà e pericoli diventerebbero ridicolmente gratuiti. A lungo egli aveva meditato al problema senza riuscire a risolverlo. Adesso sì. Nell’amore per le montagne si annidava clandestnamente un’altro impulso dell’animo.”

"Sin embargo, también cuando se tienen cincuenta años se puede ser niño, igual de débil y de extraviado que el niño que se ha perdido en la oscuridad de la selva. La inquietud, la sed, el miedo, el terror, los celos, la impaciencia, la desesperación. ¡El amor! [...]

De un golpe él entendió lo que decían, entendió el significado que tiene el mundo visible cuando nos hace quedarnos estupefactos y decimos “qué bello” y algo grande entra en nuestro ánimo. Toda la vida había vivido sin sospechar su causa. Tantas veces había permanecido admirado ante un paisaje, un monumento, una plaza, una fugaz mirada a una calle, un jardín, el interior de una iglesia, un precipicio, un sendero, un desierto. Sólo ahora, finalmente, se apercibía del secreto.

Un secreto muy simple: el amor. Todo aquello que nos fascina del mundo inanimado, los bosques, las llanuras, los ríos, las montañas, los mares, los valles, las estepas, y más, y más, las ciudades, los palacios, las piedras, y más, el cielo, las puestas de sol, las tormentas, y más, la nieve, y más, la noche, las estrellas, el viento, todas estas cosas, de por sí vacías e indiferentes, se cargan de significado humano porque, sin que lo sospechemos, contienen un presentimiento de amor.

Qué estúpido había sido por no darse cuenta hasta ahora. ¿Qué interés tendrían un acantilado, un bosque, unas ruinas, si no implicasen una espera? ¿Y espera de qué, si no de ella, de la criatura que podría hacernos felices? ¿Qué sentido tendría un valle romántico, lleno de perspectivas y acantilados misteriosos si el pensamiento no pudiese conducirla a ella hasta allí en un paseo al ponerse el sol, entre suaves reclamos de pájaros? ¿Qué sentido la muralla de los antiguos faraones si en la sombra de la caverna no pudiésemos fantasear con un encuentro? Y el rincón del burgo flamenco, ¿qué nos importaría?, ¿o el café del bulevar, o el suk de Damasco, si no pudiésemos suponer que ella también, un día, pasaría por allí, hurtándonos un retazo de vida? Y la capillita solitaria en el cruce de vías, con su lucerna, ¿por qué tendría tanto pathos si no hubiese en ella escondida una alusión? ¿Y alusión a quién, si no a ella, la criatura qu podría hacernos felices?

Pensó en la ventana solitaria iluminada en una tarde de invierno, en la playa bajo las rocas blancas al calor del sol, en la calleja inquietante y tortuosa en el corazón de la vieja ciudad, en las terrazas del gran hotel en la noche de gala, en los establos, en la luz de la luna, pensó en las pistas de nieve de un mediodía de abril, en la estela del blanco trasatlántico iluminado para una fiesta, en los cementerios de montaña, en las bibliotecas, en los caminitos encendidos, en los proscenios de los teatros desiertos, en la Navidad, en la claridad del alba. En todas partes estaba escondido el pensamiento inconfesable de ella, incluso si no sabíamos ni siquiera quién era.

Qué mezquina sería, frente a un gran espectáculo de la naturaleza, nuestra exaltación espiritual, si fuera tan sólo para nosotros y no pudiese expandirse hacia otra criatura.

Hasta las montañas que él había amado intensamente, los escabrosos barrancos inhóspitos en apariencia tan antitéticos de las cosas del amor, ahora adquirían un sentido distinto. ¿El desafío a la naturaleza salvaje?, ¿la superación del yo?, ¿la conquista del abismo?, ¿el orgullo de la cima? Qué horrenda estupidez sería si consistiese tan sólo en eso. Dificultades y peligros devendrían ridículamente gratuitos. Largo tiempo había meditado sobre el problema sin llegar a resolverlo. Ahora sí. En el amor por las montañas anidaba clandestino otro impulso del alma.”

Dino Buzzati: Un Amore

Confío en que os haya gustado.

Muchas felicidaes, Pé, querida. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Y sonríe siempre, y mira a tu alrededor, y respira y siente el aire frío. Los silencios del alma estos que nos sobrevienen son pausas necesarias para no morir de un exceso de vitalismo. Mira hacia adentro y mándame una carta larga, larga, de esas en las que no se escribe mucho, pero se dicen muchas cosas, ¿si?.

Cuidaos todos mucho, que sois el futuro.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Hojas...

Si, aplicando una muy sobada metáfora, todos nosotros fuéramos como hojas en el viento o, más bien, quizás, y según está la vida, a lomos de un violento huracán, me pregunto qué tipo de hoja me tocaría en suerte ser.

Supongo que, como las hojas, las personas somos únicas, y de mil tipos diferentes. No es lo mismo la espinosa y dura hoja de una encina, de un verde casi gris y una textura acartonada e inerte, que la frondosa y aromática hoja de una higuera en verano. Y es que, la morfología de cada hoja, como la de cada persona, depende del tipo de árbol del que provenga, de si ha recibido mucha o poca luz, de la edad del árbol y del grado de maduración de la propia hoja: de si envejece bien o mal –perennes, por desgracia, no somos ninguno- Además, si el árbol tuvo parásitos, o enfermedades, también se notará en la hoja y, claro, tampoco será lo mismo la hoja de un árbol de ciudad que la de un árbol de un bosque virgen…

Las personas somos, en este sentido, variados como las hojas: somos altos, bajos, guapos, feos, rubios, morenos o pelirrojos, pero también, y sobre todo: buenos o malos, sanos o envidiosos, grises o coloridos, finos o espesos, suaves o groseros, calmantes o urticantes, y un largo etcétera de apellidos más o menos botánicos, y no siempre ordenables en binomios contrapuestos.

Miles de millones de formas, colores y propiedades, además de la condición de cada uno, hacen que, muy probablemente, no haya dos hojas iguales, como no hay dos personas iguales o, por mucho que se diga, dos gotas de agua iguales. ¿Dónde quiero llegar, os preguntaréis? Pues a una aturullante reflexión: si somos todos tan distintos, ¿cómo es que nos sentimos todos iguales?, ¿de dónde sale esta masa de uniformidad gris?, ¿por qué esa rematadamente estúpida idea de agruparnos en tribus homogéneas, a fuerza de querer escapar, en una desesperada huida hacia adelante, de lo que podríamos llegar a ser si nos desarrolláramos? Tú eres punky, yo soy pijo, tú eres grunge y yo soy heavy y, estés en la tribu que estés, todos somos igual de grises e igual de cretinos… igual de heterogéneamente homogéneos... o igual de homogéneamente heterogéneos.

Veamos: quien pasease por un parque en otoño caminaría, probablemente –y sobre todo si vive en Bruselas, donde no recogen las hojas- sobre un magnífico tapiz de mil millones de tonos de amarillo, rojo y verde en el que la variedad de formas y tamaños resultaría, al observador minucioso, fascinantemente rica. Sin embargo, si nuestro incauto y distraído paseante resultase interpelado con un “amigo mío, ¿qué ve usted?”, éste respondería, sin duda alguna: “hojas, ¿por qué me lo pregunta?” Así, no sólo no sabría decirnos qué hojas, ni de qué colores, está viendo, sino que, además, el motivo de nuestra pregunta le resultaría curioso, por absolutamente irrelevante. Total, ¿a quién le puede importar lo que cada uno ve en un montón de hojas?

El caso es que lo inconsciente de esta idea penetra –ha penetrado- en el inconsciente colectivo humano. ¡En cada poro! No sólo buscamos nuestra identidad en colectivos más o menos homogéneos, de manera que podamos decirnos, la cabeza en la almohada, “yo soy tal, o yo soy cual”, sino que, para mayor tristeza, esto no nos ayuda en absoluto a encontrarnos –quizá, tan sólo, a algunos, a sentirse más seguros, menos a la merced de la pavorosa tormenta de la que os hablaba al principio-

Hay, en esta sociedad occidental en la que vivimos, con carácter general, una gran falta de valores, enormes cantidades de aburrimiento e irreflexión y, finalmente, montañas inmensas de insatisfacción. El ritmo al que nos movemos hoy, las exigencias de la vida urbana y del trabajo, el borreguismo de la televisión –cada día más vergonzosa- de la prensa gratuita del metro, de la publicidad y del estereotipo nos produce un vacío interior que afecta a nuestra propia identidad: a lo que somos, no ya para el colectivo –que levante la mano al que le importe- sino para nosotros mismos, para aceptarnos y comprendernos; algo sin lo que me temo que es imposible ser feliz.

Y, ¿dónde quedo yo en todo esto? Pues… gran parte de ello debéis decidirlo vosotros. Sin embargo, yo apuntaría que el que me conoce diría de mí que soy bastante yo mismo, y bastante individual –único en mi especie, vamos- Que me siento rematadamente distinto de los demás, pero no por llevar maniáticamente la contraria, sino porque yo no busco la felicidad –mi felicidad- en los demás, ni en los objetos de los que me rodeo; que mi felicidad, si bien, como la de todos, está condicionada por el lugar que ocupo en la sociedad en la que vivo, no se basa en ello para ser o no ser. Sé bien lo que me gusta, y por qué me gusta. Sé –y es, quizás, más importante- lo que no me gusta, y por qué no me gusta y… aunque, como todos, a veces me desoriento en esta llanura de Ferres que nos toca recorrer, sé bien dónde voy: y es hacia adentro: no hay camino que lleve más hacia adelante, os lo aseguro.

Y para ello no hace falta quemar sujetadores, o proclamar no ver jamás la tele, o ir a la ópera, ni leer el Ulises para ser más intelectual, ni hay que militar en Greenpeace, ni gritar que el mundo se acaba, ni quemar iglesias y maldecir al Papa. Tampoco hay que asegurarse de tener un amigo homosexual para ser el adalid de la tolerancia, ni decir, con aire indignado, que Madonna es una frívola por comprar niños en África, no… Todas estas cosas se pueden hacer, claro está, si apetecen -¿a quién no le apetece maldecir a Ratzinger?- Pero hacerlas para salirse del mapa [o, mejor dicho: para que conste en acta que se quiere uno salir del mapa] es meterse en el mapa de lleno. Como le dijo Mafalda a Miguelito en una gloriosa viñeta del gran Quino: si no estás en las estadísticas de los que ven la tele, estás en las de los que no la ven.

Sed felices, ¡coño! De eso se trata. Sentid, pensad y mirad hacia adelante [y hacia adentro], de vez en cuando. Disfrutad de cada cosa y no esperéis al día siguiente para daros cuenta de que fuisteis felices haciéndola. Respirad, respirad hondo… cuando lo hagáis os veréis a vosotros mismos como siempre debisteis veros: como ese ser único y destacable que es como es, y le gusta: una manchita de un color único en un tremendo mar gris. La tesela, única e imprescindible, que hay en el centro de algún mosaico.

Cuidaos mucho, que sois el futuro.